Agua

¿Es la coherencia un valor saludable en el ejercicio de la política? Sin ninguna duda, sí. Saludable, necesario e imprescindible. Otra cosa es que se tome en consideración a la hora de fijar un criterio para decidir el voto en unas elecciones, dicho de otra manera: la coherencia no hace ganar unos comicios electorales.

¿Hay que ser rigurosos en el tratamiento político de aquellas cuestiones de especial sensibilidad? ¡También! Rigurosos, objetivos y prudentes, en otras palabras: alejados de demagogia. Otra cosa es caer en la tentación de llegar al alma de la gente mediante su punto más débil, la sensibilidad.

Estos días, en un tema de radiante actualidad como el agua, estamos presenciando en los socialistas las consecuencias de haber mantenido como referentes políticos la incoherencia y la demagogia. Prisioneros de ambos “activos” las formaciones de izquierdas quieren hacer lo contrario de lo que dicen, quieren dar por bueno aquello que le han negado a otros, quieren, en definitiva, justificar el acierto de las políticas, no por aquello que representan sino por quiénes son sus autores.

¿Nos hemos dado cuenta ahora, con un horizonte muy cercano a la sequía, cuando podríamos tener problemas de abastecimiento de agua de boca con afectación a 4 millones de personas?

Si fuera así, se trataría de tal ceguera política que la exigencia de responsabilidades habría de ser tan inmediata como contundente. Personalmente tengo la certeza que este problema ya estaba en la cabeza de nuestros gobernantes, pero que prefirieron fiar la solución del mismo al azar meteorológico para no tener que adoptar, en épocas electorales , decisiones lógicas, de sentido común, por muy contradictorias que fuesen a la gran consigna anti-trasvases, que con tanta energía alzaron con un único objetivo de desviar riadas de bien intencionados votantes hacia sus intereses partidistas.

Si nadie cuestiona que las personas hemos de estar perfectamente comunicadas entre nosotros mediante potentes redes de infraestructuras; si nadie pone en duda que las energías han de abastecer completamente las necesidades de los ciudadanos desde las diferentes redes eléctricas; por qué hemos de cuestionar que un país ha de tener posibilidades de hacer llegar el agua, cuando sea necesaria y en condiciones ecológicas que lo permitan, de las zonas excedentarias a las zonas deficitarias.

Tratar el agua como un asunto doméstico es negar su condición de bien de primera necesidad y, por tanto, exigible como derecho fundamental para cada uno de los ciudadanos.

Territorializar las políticas de agua es compartimentar un hecho indivisible que solamente desde una concepción y tratamiento globales podemos garantizar su gestión bajo criterios de operatividad, eficacia y perdurabilidad.

Bienvenida, sea, pues la interconexión entre el agua excedente del minitrasvase de Tarragona con la conca del Ter- Llobregat, de la misma manera que bienvenida fue la llegada de agua potable a la ciudad de Tarragona. Lástima que para acabar en este punto nos podíamos haber ahorrado engaños, mentiras, incoherencias y demagogias. En su consciencia quedará y en la memoria de todos fluirá. 

 

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